Bueno, no pasa nada, iremos a cenar
algo y así aprovecho para poneros al día. ¿Os gusta la comida
mejicana?
Nachos, burritos, fajitas, tacos...
¡Guacamole! Sí señor, el paraíso. Me encanta la comida
extranjera. Mejor dejémoslo en un: me encanta la comida en general.
Algún día abriré un restaurante en una ciudad importarte. Nunca
está de más soñar ¿verdad?
Sé que os estáis muriendo por saber
lo que ha pasado durante vuestra pequeña “siesta” al estilo
español; básicamente lo que ocurrió fue lo siguiente:
Salgo del hotel después de dejaros y
como por arte de magia las nubes ya no estan, el sol brilla y hace un
día precioso. Muy raro, me digo. Pero tengo muchas cosas que hacer y
la temperatura es el menor de mis problemas. Lo que más me preocupa
es ella. Puede llegar a ser tan exigente e inaguantable como un niño
de 4 años, así que nos apresuramos a conseguirle un Caramel
Macchiatto. Y un Capuccino para mí, por favor, muy cargado. Me hará
falta energía extra para lo que me espera. Nos llaman después de
unos largos diez minutos. Dios mio, ¿tan difícil es preparar dos
cafés? Cogemos las bebidas ardiendo y salimos de ahí, veloces, en
pleno estado hiperactivo. Ahora que lo pienso, debería dejar de
tomar tanta cafeína, ya tengo suficiente con mi nerviosismo natural.
Es igual, vayamos al grano. Nada más
traspasar la cristalera de la entrada, nos encontramos con una marea
de gente dirigiéndose a una misma dirección: el metro. No entiendo,
¿qué pasa? Y justo en ese mismo instante dos gotas de agua helada
aterrizan en mi frente. Retrocedo dos pasos para adentrarme de nuevo
en la cafetería como acto reflejo, y la arrastro a ella conmigo.
¡Qué coño! ¡Si hasta hace diez minutos el tiempo estaba perfecto!
Y ahora parece que están regando toda la ciudad con una manguera a
presión y todos corren a refugiarse, pero se nos hecha el tiempo
encima y tenemos que ponernos en marcha. Así que afrontamos la
lluvia, en contra de la voluntad de la princesita, cuyo pelo no va a
sobrevivir a semejante diluvio, y nos plantamos en mitad de las
calles de Londres. Y sin venir a cuento, escucho que alguien me llama
por mi nombre. Bueno, técnicamente no es mi nombre, pero ¿cuál es
la posibilidad de que una persona grite una letra del alfabeto
español en un país anglosajón? Por alguna razón me doy por
aludida y me giro de una manera un tanto teatral.
- ¡S! - repite.
Find it.
XOXO.
S.
No hay comentarios:
Publicar un comentario