Se preguntarán: ¿encontrar qué? No tiene sentido, ¿verdad? Entrar en un blog cualquiera, de una persona cualquiera y encontrarse con un reto, una petición o tal vez una orden. ¿Quién sabe?


No se preocupen, no intenten buscar el porqué a todo esto. No lo hay. O por lo menos aparentemente. Todo llega en su momento, y también llegará el momento en que desvele lo que hay que encontrar. Hasta entonces deberíamos disfrutar de aquello que nos rodea. Puede que en algún momento no esté y tengamos que encontrarlo.


9.12.13

XI


   La amistad. Una de esas cosas a las que no se les puede poner un precio.
   Los amigos. La familia que se elige. Aquellos de los que te rodeas para que te ayuden a seguir adelante, para que eviten que te caigas y que te levanten cuando lo has hecho. Aquellos que limpian tus heridas y se quedan contigo hasta que te recuperas. Aquellos por los que deberíamos hacer lo mismo.
   A veces es bueno pararse a pensar en las cosas buenas que tenemos. A menudo solo nos fijamos en los problemas, en las preocupaciones pero solo porque todo lo que demás, aquello que nos alegra y nos hace disfrutar de la vida, se esconde detrás de todo lo malo. Lo tratamos como algo banal, no sabemos calcular su valor ni apreciarlo debidamente.
   Quien tiene un amigo tiene un tesoro.
   Quien tiene un tesoro vive feliz.
   Quien vive feliz, ¿¡qué coño hago!?
   Venga ya, pequeños Finders, ¿de verdad pensabais que me iba a poner así de sentimental y filosófica? Si bien puedo llegar a serlo todo tiene su límite. Y más importante aún, todo tiene su momento.
   Y ahora mi estómago me dice que es el momento de ir a cenar algo. ¡Me muero de hambre! Era de esperar teniendo en cuenta que solo me he tomado un café en todo el día y que he estado dando vueltas por toda la ciudad. Una tarde realmente agotadora. 
   ¿Sabéis lo que me vendría de perlas? Un baño de esos con agua muy caliente, tan caliente que queme un poco la piel, y sales de baño, y aceites perfumados, sin olvidar las velas y la copa de agua con hielo. Salir del agua en albornoz y meterse en una cama con un edredón de plumas y almohadas cubiertas por sábanas blancas. Qué delicia. Dormir hasta las once de la mañana y tener uno de esos despertares de película, de los que te asomas al balcón y el día está precioso. Pero no puede ser, porque este hotel ni tiene bañera, ni tiene balcón, y yo no tengo tiempo para pararme a hacer realidad mis fantasías. Así que coged vuestros abrigos que fuera hace frío y por alguna razón me apetece comida india.

   Mirad quién llega justo a tiempo para salir.

Find it.
XOXO,
S